Shiatsu
significa literalmente “presión con
los dedos”, Shi-dedo, atsu-presión. Esta presión se ejerce
con los dedos pulgares y las palmas de las manos.
Por las terminaciones nerviosas localizadas en ella y a
través de las terminaciones nerviosas libres, la piel es capaz de
percibir estímulos táctiles de presión profunda, de calor, de frío y de
dolor .
Situado en un lugar intermedio entre la mística de la
acupuntura, apoyada en la teoría de los puntos vitales (tsubo), y la
excesiva deshumanización de la medicina occidental, el Shiatsu, a través
de las manos del terapeuta
profesional, accede a los desequilibrios estructurales y
permite que el cuerpo active sus propios mecanismos de autocuración, los
cuales porta desde su nacimiento.
En las palabras del gran Maestro
Tokujiro Namikoshi,
fundador de esta terapia en Japón “Shiatsu es como el amor de una madre, la presión sobre el
cuerpo estimula la fuente de la vida”.
En la actualidad, se reconoce su eficacia, no sólo en
Europa y Estados Unidos sino que está ampliamente difundido
convirtiéndose en la alternativa
perfecta a la medicina según la conocemos hoy en día.
El Ministerio de sanidad de Japón define el Shiatsu como:
“Tratamiento que, aplicando unas presiones con
los dedos y las palmas de las manos, sobre determinados puntos, corrige
irregularidades, mantiene y mejora la salud, contribuye a aliviar
ciertas enfermedades (molestias, dolores, estrés, trastornos nerviosos,
etc.) activando así mismo la capacidad de autocuración del cuerpo
humano. No tiene efectos secundarios.”
El Shiatsu, fiel a su origen, defiende que es mejor
prevenir que curar. Una sesión semanal ayuda a no enfermar, y al carecer
de efectos secundarios, es también aconsejable en enfermos crónicos que
prefieran una alternativa de terapia natural o no puedan ser tratados
con medicamentos.
Escuela Quirosoma
Febrero -2008
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