La importancia del aparato urinario

Día a día acostumbramos a mimar a nuestro aparato locomotor con vistas a ganar resistencia, pedirle un mayor rendimiento o -en el mejor de los casos- lucirlo. Nos preocupamos también por el bienestar de nuestro sistema nervioso y somos plenamente conscientes de los efectos que el tabaco o la contaminación producen sobre nuestro aparato respiratorio. Y sin embargo, ¿quién se desvela hoy por su sistema urinario?  Pese a que, por encima de su desprestigio popular, su función de eliminación de los desechos del metabolismo sea clave para nuestro equilibrio orgánico: si no tuviéramos riñones, los productos de desecho y las toxinas pronto se acumularían en la sangre a niveles tóxicos y por tanto peligrosos.

Teniendo en cuenta que, más allá de esta labor, los riñones también ejercen un control sobre la formación de glóbulos rojos, el nivel de agua en el cuerpo y la concentración de sales en sangre regulando así nuestra tensión arterial, es sensato comprender que nuestro estado de salud depende de manera directa del suyo.  Y sin embargo, a menudo, nuestros hábitos y nuestro ritmo de vida nos llevan a descuidarlo, especialmente en verano.

¿Cómo mantener el aparato urinario en plena forma?

  1. Beber mucha agua (una media de 2 l. diarios) para ayudar al riñón a expulsar los productos de desecho, entre ellos el calcio, cuya acumulación puede provocar la aparición de cálculos o piedras renales.
  2. Llevar una alimentación adecuada, rica en fibras y alimentos ácidos y bajos en azúcares  (cítricos), que no sólo evitan el estreñimiento y su consiguiente acumulación de bacterias en el organismo, sino que acidifican la orina creando un medio hostil para el desarrollo bacteriano.

Por otra parte, reducir el consumo de aquellos alimentos que más trabajo exigen a los riñones para su eliminación, como son el alcohol, el café o las proteínas (que se encuentran sobre todo en la carne, el pescado y los huevos). Estas últimas son vitales en nuestra dieta pero deben tomarse con moderación.

  1. Orinar frecuentemente, incluso antes de sentir la necesidad: si bebemos poco y nuestra vejiga tarda mucho en llenarse y por tanto despertar el reflejo de la micción, aumentamos las probabilidades de que ese contenido presente en la vejiga, que espera demasiado tiempo a ser expulsado, sea conquistado por microorganismos.

 

Las TERAPIAS NATURALES y el aparato excretor:

Drenaje linfático

Mediante el drenaje no sólo se produce una fuerte reducción en la acumulación de toxinas y los trastornos de la función celular, sino que además aumenta la eficacia de los medicamentos antitoxinas al permitirles trabajar en un medio limpio, sin presencia de sustancias interferentes.

 

Reflexología podal

Se estimulan las áreas anatómicas reflejas de los riñones, uréteres, vejiga y uretra para estimular su correcto funcionamiento, además del sistema linfático y las glándulas hipófisis y suprarrenales. Tiene aplicaciones en cistitis, pielitis, incontinencia urinaria, cálculos renales, hipertensión arterial, edemas, estancamientos linfáticos y circulatorios, etc.

Acupuntura

Los trastornos renales se atribuyen frecuentemente a una deficiencia del yang (YIN Y YANG). Si entre los síntomas se presenta calor ardiente, dolor intenso o accesos de FIEBRE, el padecimiento suele considerarse como consecuencia de un exceso de calor en la vejiga. En caso de infección, se recomendará al paciente buscar tratamiento convencional.

Moxibustión

Su aplicación en ciertos puntos de los meridianos de la vesícula biliar, la vejiga, el riñón, el hígado y el bazo fortalece los riñones.

Fitoterapia

Aunque se reconoce la necesidad de tratamiento ortodoxo en caso de trastornos renales, la fitoterapia prescribe remedios complementarios preparados a base de cebolla y ajo -por su poder antibiótico- o de diente de león, abedul, chopo o linaza para reducir la inflamación y disolver cálculos pequeños. Estas plantas tienen un efecto paliativo y diurético, y ayudan a depurar el aparato urinario.

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